Presidente René Barrientos Ortuño
Presidente Alfredo Ovando Candia
Santos Abril, Nuncio Apostólico
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Al amigo Javier del Granado
"el" poeta de Bolivia
—Fray Pedro de Anasagasti
Académico de la Lengua
Todo el agro, su luz y su fragancia
cupieron en la arqueta de tu estro:
paisaje, amor, sudor, odio y siniestro
todo lo burilaste con prestancia.
Tu pluma prócer canta la elegancia
oculta en toda flor que en un cabestro.
En lo pequeño y feble sois maestro,
espiando en todo ser su resonancia.
Nuestra Historia, grabada a sangre y fuego,
no tuvo para ti ningún secreto;
la fecundó tu verso como riego.
A cada ser le das su rostro neto.
¿Quien sois, con tu alfabeto solariego?
Sois Javier del Granado hecho soneto.
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—Gral. René Barrientos Ortuño
Excmo. Sr. Presidente de la Junta Militar de Gobierno, Sra. Doña Elsa Omiste de Ovando, Señores Ministros de Estado, Honorable Cuerpo Diplomático, Distinguidas Autoridades, Caballeros, Damas, Sr. Presidente del Club Social, Ilustre Poeta:
En esta época de reconstrucción que prepara el futuro resurgimiento del País, son pocas las satisfacciones y muchos los deberes y fatigas; pero vos, nos dais el bello regalo de una victoria espiritual para la Patria, que nos colma de orgullo, porque proyecta la cultura nacional, más allá de nuestras fronteras.
La distinción singular que os dispensará el gobierno hermano de Filipinas, es el reconocimiento a vuestros méritos singulares de artista creador. Durante muchos años habéis deleitado a los lectores de Bolivia y de América, con vuestros hermosos poemas de fino sentimiento y depurado gusto, a través de los cuales, habéis dibujado sutilmente los perfiles del valle jocundo, las costumbres eglógicas de sus moradores, interpretando con tierno acento las excelencias de la vida rural, el encantamiento de la naturaleza, los nobles sentimientos de la gente valluna; otras veces vuestra lira se remontó a la expresión de idealidad mayor, trasuntando una inteligencia superior que supo indagar por el hombre y su destino.
Descendiente de aquel inmaculado patricio que fue Don Félix del Granado, formado en tradición cristiana, conservando la ática serenidad del clásico en medio de la vorágine de los desordenes modernos, supisteis conservar un sitial envidiable en la poesía boliviana, sois el Aeda del canto claro y armonioso, el que dice su verdad sin velos y sin oscuridad rebuscada, habéis dado paz, belleza, nobles creaciones a la juventud de la Patria, enseñándole el recto camino de la verdad, de la sana razón y de la noble construcción sensible; sois pues el poeta de la serenidad, de la vida diáfana, tocada de verdad y dignidad; muchas veces vuestros poemas premiados en concursos importantes, vuestros inspirados cantos a la Patria, o vuestras tiernas estrofas al hogar, al amor, al paisaje terruñero, a los más delicados matices del alma, conmovieron mi espíritu, y estad seguro, de que en las Fuerzas Armadas, donde hay muchos valientes que detrás de la espada esconden la lira del soñador, son muchos los Jefes, Oficiales y soldados que bebieron agua de vida en vuestros cantos alados y tranquilos.
Cochabamba, suelo de poetas e idealistas, os ve surgir como uno más entre sus hijos prediléctos; y Bolivia se ufana de que tras de una vida decorosa, llevéis ahora los blasones de nuestra cltura por todos los países de habla hispana.
Todos, nos unimos, a esta consagración continental de vuestro nombre, que hace honor a la poesía boliviana, también las Patrias se hacen y se enaltecen con los triunfos del espíritu.
Vos, abanderado de la cultura, nos habéis guiado por el recto camino del buen quehacer, que vuestro talento siga produciendo hermosas composiciones líricas, para regocijo de vuestros numerosos admiradores y para mayor prestigio de nuestras letras, quiero deciros que la Junta Militar de Gobierno, el Sr. Gral. Ovando y yo, compartimos fraternalmente vuestro éxito.
La poesía, Don de Dios, es la música para las almas y nuestro pueblo viril y tumultuoso, se guío siempre en sus grandes Vates, que como vos, supieron darle emoción, belleza y remanso de alegría.
Inspirado Poeta, la Patria agradecida os rinde homenaje; que el turpial de Cochabamba, deje oír sus nuevos cantos para gloria de Bolivia; al imponeros la Corona de Laureles, como a Maestro del Gay Saber, expreso mi particular complacencia por vuestro triunfo, que la honra que vos regaláis hoy, a la Patria, nos sirva a los hijos de esta tierra como paradigma.
Gral. René Barrientos Ortuño
Presidente de la República de Bolivia
Cochabamba, 14 de septiembre de 1965
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—Porfirio Díaz Machicao
Como un molle rendido a la plenitud valluna, cercado de magnolias, así transcurre la vida de Javier del Granado, el máximo poeta de Bolivia, viejo pariente lírico del gran tarijeño Octavio Campero Echazú. Es invariable la oportunidad en que el nombre del uno me trae a la memoria, de inmediato, la imagen del otro. Es que los dos son poetas de la tierra pródiga, acuñados con el canto mañanero de las aves y empujados por la gleba, con el corazón preñado de añoranzas. Pisadas de Príncipes sobre el rayado de los surcos. Javier del Granado es y será inolvidable en la lírica de Bolivia. Podré decir de él: Flor Natural de sus Valles, como en los Juegos Florales. Pero este guarda en los silos de la gloria Medallas y Coronas, Pergaminos de triunfo que adornan los muros de su gabinete de trabajo.
Es un viejo desafío mío el realizar los inventarios líricos de Bolivia. Acaso esta crónica sea una anticipación. Pero no porque haga una lista de hombres famosos sino por lo que guardan para sí en el área mezquina de la tierra - ellos mismos, individuos enamorados de imposibles, tesoreros de arcas azules, de ideales maravillosos. Ellos han realizado, en muchos casos, lo que no pudo el avariento millonario, el comerciante que florece en el bienestar material.
Se da el caso de un hombre - acaso sea yo mismo - que en el dilema de coger una gramo de oro o un lápiz usado, prefiere el lápiz. El oro se ha destinado a los arcones.
Así es también Javier del Granado: una voz de metal poético, veta inagotable de versos.
Estoy en su casa, viéndolo todo, observándolo todo. Los pinos se han convertido en el más robusto e inexpugnable de los cercos. Se casa está metida dentro de esos muros vegetales, guardando el misterio de todo lo inmenso que atesora - espíritu y obra - la vieja residencia. Detrás florecen las más escogidas rosas, acaso todas aquellas que enumeró cierta vez D. Casto Rojas con una gracia inolvidable. Hay pie aroma y armonía. En cada pétalo podría inscribirse un monograma y de encendidas corolas se haría el escudo de su nobleza poética.
Pero hay algo más: detrás de la greca de un enrejado está el salón de estilo francés en una maravillosa eclosión de oro y seda. Todo una coquetería real que recuerda a Versalles. De los muros cuelgan los legados de amos de los retratos: la vera efigie de D. Félix - poeta también y académico - precursor de esta gloria que es el hijo, el entrañable Javier cuya desobediencia mayor es la poesía.
No he de mentir si en verdad digo que cuando apunta algún poeta en la familia, esta se pone a temblar como si hubiera de sobrevenir un cataclismo. Nadie para mientes en que la tempestad será de gloria y nada más que de gloria. Por otro lado, la imagen de doña Blanca del Granado, hermana que fue en vida belleza y amor en el hogar de Eduardo Prudencio. Y la otra hermana. Y la esposa actual doña Rosita Patiño, una alma compañera y devota que guarda con celo la obstinación literaria del marido a quien comprende y acompaña. Acompaña es verdad. Porque así ha de exigirse en los cañones del destino: compañía. Rubén ya lo dijo "Francisca Sánchez, acompáñame…" y compañera fue, en la áspera senda, en la desesperada fuga del Maestro.
Pero el rincón amable - amén del comedor que es de estupendo estilo europeo y que pertenecía al viejo millonario Patiño - y el escritorio de Javier, donde irrumpe la encantadora presencia de un Sillón Cardenalicio, dorado y púrpura, que ahora ha servido de cañón para hace los demás muebles. Arriba está presidiendo el dueño de la casa con la Corona que le otorgó Filipinas como a uno de los más altos poetas de América y que ha pintado ese mago retratista que se llama Luis Bayá. Nada se podría hablar del resto, un conjunto de plena armonía - oro y púrpura, como lo dije - y que resguardan todos, la antigua biblioteca que abrieron manos próceres.
Muchas personas que dicen que vivimos en un siglo de vigencia popular y que hablan de estas cosas con rancio ademán. Bien, bien. Lo concedo. Pero ¿por qué le ha de negar a Javier del Granado las esencias puras de su hogar y su nobleza? Aun cuando fuera él un proletario de los que transcurren en plazuelas y congresos, nunca podría dejar de ser lo que es.
Es en tal virtud que me pongo frente al sentimiento de hoy con la imposición de ayer. Espíritu y belleza no tienen tiempo. Por eso es que quise darle al público lector de la prensa - en esta avarísima crónica - una sensación de toda la grandeza espiritual que se impone en la casa de Javier que, además ostenta el título de Maestro del Gay Saber con indiscutibles méritos.
En esta casa - que viene de muy lejos, en el tiempo - han resonado nombres de respeto: D. Félix del Granado, Monseñor del Granado. Y acaso el destino quiera que ese nivel no baje en el hogar de este poeta cuya fuerte vida ha construido con metáforas, las más alquitaradas, las más cercanas al oro. Todas ellas pertenecen al Parnaso Boliviano.
Porfirio Diaz Machicao
Director de la Academia Boliviana de la Lengua
La Paz, 1977
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—Fernando Diez de Medina
Casilla 13
La Paz, 26 Junio 1973
Querido amigo y poeta Javier del Granado:
Conocía ya su Romance del Valle Nuestro, pero recibirlo autografiado y con tan generosa dedicatoria me honra en extremo.
Le he seguido largamente en su hermosa trayectoria lírica. Usted es el "vate" de verdad que presentía el filósofo. El que canta porque tiene que cantar, con lira alta, estremecida con ternura, porque todo es luz y revelación en sus palabras.
En este tiempo donde abundan los farsantes, los herméticos y los abstrusos, que confunden poesía con claves sibiladas, los malos epígonos de Mallarmé y de Ezra Pound, que se enredan en sus madejas intelectualoides, es una delicia volver a la pura y honda poesía, como la suya, esa que fluye como el agua del manantial, clara y sencilla, pero transida de verdad. Me explica los muchos y merecidos honores que le han venido de todos los horizontes, porque la suya es poesía eterna, rica de imágenes, limpia de ideas, como los versos de Tíbulo y de Cátulo que expresan nobles sentimientos y finas sensaciones.
¿Que escojo entre sus poemas? No es lícito escoger: todos son bellos, esclarecedores. Música y pintura a la vez, pero música y pintura de línea clásica, que conmueven y convencen a la vez. El valle en sus versos vibra, su lengua armoniosa toca los corazones, paisaje y alma granan hermosura cuando resuena la lira del poeta del Granado. Esa "Canción del Columpio" es una joya de antología.
El "Turpial de Cochabamba" como lo llamara el insigne general Barrientos, es ya el ruiseñor de Bolivia. Y con toda justicia.
Gracias por el bello envío y augurios para quien supo ser solo poeta y soñador, en nuestra tierra sembrada de politiqueros y voceadores.
Afectuosamente,
Fernando Diez de Medina
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—Augusto Guzmán
Después de la subyugante ejecución musical con que acaba de inaugurar este acto la eximia Doña Lucy Rivero de Zabalaga, como Presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas, asumo el privilegio de ofrecer esta demostración de afecto admirativo de la sociedad cochabambina, al poeta de los cien lauros, hijodalgo como hijo de sus obras y padre de sus glorias, Don Javier del Granado.
Difícil sería computar y describir en un acto como este los laureles inmarcesibles del bardo de nuestros valles cuya lira de cristal y bronce tienen los acordes más variados y simples, más altos y profundos, en relación a la naturaleza y al hombre de nuestro mundo.
Cortó su primera rama del árbol glorioso que no florece en la tierra sino en las atmósferas de los anhelos humanos, durante los Juegos Florales de Santa Cruz en 1939. Por entonces no fue más que un Accésit, una venia amable al poeta juvenil, una invitación a seguir adelante. Sin embargo para Javier ese fue ya un primer paso sobre las rubias arenas del Olimpo. Siguió adelante, sin vacilación ni demora. En 1941 ganó el Jazmín de Plata de los Juegos Florales de Cochabamba y el Primer Premio Nacional de Poesía en el Congreso Eucarístico de esta misma ciudad.
Esos cortos años en que publica su primer libro "Rosas Pálidas" y obtiene con buenos versos premios de segundo orden, forman de la evolución literaria de del Granado.
En 1943, después de un estudio intenso que le permite cultivar y desarrollar su temperamento en las más severas disciplinas de la expresión poética, adquieren definitivamente honra, fama y prestigio nacionales al obtener en los Juegos Florales de La Paz, la Flor Natural, el Laurel de Oro y la Banda del Gay Saber con su limpio y ardoroso poema de estrofas florentinas, "Canto a Bolivia" que, al revelarse al público no solo suscita la admiración de los lectores cultos sino también, las pérfidas cuanto impotentes de la envidia literaria, Bolivia tiene ciertamente esta vez un canto nuevo y un cantor moderno.
Los siete sonetos que forman el poema lírico telúrico, resplandecen como gemas rutilantes de 14 facetas, cada cual. La Montaña, El Lago, La Vicuña, El Valle, La Casa Solariega, El Río, La Selva, forman este cuadro sonoro de armonías y vibrante de colores. Los valores esenciales de la vida boliviana, han sido captados con aguda observación para ser expresados como magistral dominio técnico. Aislados o juntos esos sonetos, como obras acabadas en la difícil y fascinante perfección pertenecen ya, sin duda, a la categoría de composiciones clásicas de la lírica nacional, junto a los sonetos de Tamayo, Jaimes Freyre; de Reynolds o de Guerra, de Viscarra Fabre o de Cerruto.
Lo que sucede en adelante es como un paseo por las cumbres de la consagración. Es la carrera del triunfador que primero alcanzó la categoría del Maestro del Gay Saber, con tres premios sucesivos de primera significación y luego disputa y conquista trofeos de igual categoría, en justas internacionales convocadas a capitales del continente como Lima o Buenos Aires.
A poco de publicar su segundo libro de Poemas "Canción de la Tierra" en 1945, produce dos hermosas obras de canciones y romances nativos, sin desviar jamás el hondo sentido de su vocación nacionalista ni el campo estético de la más clara comunicación intelectual y sensible. Para él la Patria es símbolo y doctrina, vivencia continua, profesión de idealismo y venero vivo de inspiraciones entrañables. "Cochabamba" es el título directo y sencillo de su libro publicado en 1959. Es el romance de la Villa Heroica. Magnífica historia de la ciudad desde los conquistadores hasta la epopeya de la libertas. Sangre y gloria. Sacrificio y emancipación. "Evocación del Valle", editada en 1964, es un manojo de canciones y de relatos líricos en que este nuestro pequeño país agrario aparece descrito en sus rasgos más característicos de paisaje y costumbres. Evocación sincera y tierna, auténtica como los latidos de la sangre.
En 1945 la Organización Mundial de Poetas Laureados concede en Manila de Filipinas, examinando los antecedentes literarios de Javier del Granado, lo elige Vice-presidente Ejecutivo para la América del Sur, y el Gobierno de Bolivia, le impone una corona de Laureles de Oro aquí, en este mismo recinto de las grandes reuniones sociales de Cochabamba. En 1966 la misma organización mundial que invitara al poeta a constituirse en Manila, para recibir en acto público y fecha propicia, la Medalla al Poeta Mundial, Laureado Continental y una Corona de Laureles de Oro, en vista de que nuestro poeta tuvo que excusarse para viajar por motivos de salud, le remite los áureos trofeos que de nuevo se los impone el Presidente de la República en acto solemne, celebrado recientemente en los salones de los Espejos del Palacio de Gobierno.
Después de todo esto, perínclito poeta, como las águilas de nuestras montañas: sociego y equilibrio en las alturas. Sobre los días maduros de meditación y lucha sin retiro, la humilde serenidad siempre fecunda, de la consagración artística y patriótica.
Señoras y señores: al concluir este rápido manifiesto de merecimientos que tanto han honrado a Bolivia en la persona de uno de sus hijos, elegido de los Dioses Olímpicos, Caballero de Cristo, Nuestro Señor y don Quijote y de Bolívar, que me sea dado a mí personalmente en nombre de esta escogida concurrencia, saludar en este hombre nimbado de gloria, al amigo cabal de toda hora; al gran ciudadano cochabambino en carne, hueso y espíritu; y al Maestro perfecto en su oficio, por la lírica limpidez de sus sonetos, la mágica fluencia narrativa de sus romances y la gallardía cívica de sus épicas estrofas.
Augusto Guzmán
Cochabamba, 11 de junio de 1966
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—Jorge E. Meza
Resulta cierto que este ilustre vate no requiere comentarios encomiásticos para su nueva obra. Cualesquier juicios sanamente valorativos, casi siempre tienen el significado de lo superfluo. Tales son su prestigio internacional y el consenso acerca de la calidad de sus producciones. Sin embargo, cuando del Granado publica un último tomo, los que vibramos emocionalmente al leerlo no podemos acallar la sensación perdurable que nos causan sus versos. Y por ello escribimos, sin pretensiones, este rápido comentario.
Del Granado no confirma en "Evocación del Valle" su genuina condición de exquisito poeta bucólico, diríamos mejor, campestre. Con una sensibilidad muy refinada, como si fuera mies de sangre de la misma tierra que recuerda él -- artífice delicado --, a través de las visiones de su niñez y su juventud. Todos los capítulos de la obra poseen el aroma nostálgico de la añoranza, no lastimada, sino embellecida por la noble pasión telúrica, por la abarcadora ambición panteísta que bulle en la madeja de sus nervios, fuente milagrosa de una sensualidad estética superior, de perfiles magníficos.
Los motivos del quehacer campesino, las munificencias grandiosas de la Naturaleza en tierra, en agua, en nube, en canto de pájaro, se embellecen de un colorido quemante en la música de zampoñas y pinquillos de sus estrofas. Las imillas pasan "cantando en rondas de ulalas", "salpicadas de polvo de estrellas", como él escribe, y sus carnes morenas, vibrantes como cuerdas de guitarra, trastornan a los mancebos en celo. El arroyo próximo, las quebradas, los riscos altísimos, la gleba ardiente, roturada como vientre virginal de moza, asoman en la musicalidad indeclinable de la sabia palabra, florecido de cálida ternura valluna. Igualmente los amaneceres, los crepúsculos, las noches densas y los días de transparente diafinidad. También las faenas agrícolas, a las cuales los hombres y mujeres de Colpa y Ciaco, dedican alegremente el rumor sudoroso de sus vidas cristalinas. Todo constituye un himno optimista a la vida, con extraño sabor de cosa grata, que nosotros ya olvidamos hace mucho tiempo entre los vericuetos obscuros del instinto lastimado…
Su poesía tiene la limpidez fría de la hierba escarchada. Fresca, olorosa a tierra húmeda traspasada de resplandor matinal. Parece que la animara una aura vivificante, líquida, que penetra al corazón por los senderos entrecruzados de las venas formando laberinto. Al propio tiempo, su ternura, hecha de savia de musgos, delátase algo trémula en el filo de una nostalgia indefinida que abarca el pasado.
Y los altos vuelos metafóricos del poeta? Ah!, casi imposibles de calificar. Su lirismo panteísta de aterciopelada inspiración sensorial, salpicado de frecuentes voces quechuas que le otorgan mayor dulzura y plasticidad, nos recuerda a ese otro gran poeta del valle tarijeño, Don Octavio Campero Echazú, nuestro dilecto amigo. Almas gemelas superiores, hermanadas por su amor inabarcable a la tierra eterna y a las tiernas canciones de su vida!
Para concluir, repetimos que Javier del Granado no requiere estas palabras zurcidas a puntadas de corazón. Pero lo que escribimos responde a los principios que informan toda apreciación crítica: ecuanimidad y honradez intelectual. Algo más: contiene una tercer elemento que no figura en los cañones de la costumbre: la deuda emocional que nos proporciona una buen libro, para pagarla expresando serenamente lo que vale y lo que es.
Jorge E. Meza
Octubre de 1964
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—Gral. Alfredo Ovando Candia
Insigne Poeta:
Alguien dijo que "los pueblos que han perdido sus leyendas están condenados a morir de frío" y yo creo que los pueblos que no tienen poetas están igualmente condenados a morir de frío. Por ello, reviste para mi caracteres de singular complacencia el dirigirme a vos, don Javier del Granado que, tras haber vencido en un concurso de jerarquía mundial, vais a recibir el lauro máximo al que puede aspirar un poeta. Recibid mi homenaje, el de mi gobierno y el del pueblo de Bolivia.
Orgullosos de ser Bolivianos.
La obra poética que habéis realizado, a través de una vida de total consagración a tan elevado quehacer, ha hincado raíces en los más profundo del alma nacional. Vuestros romances y sonetos, plenos de luz y musicalidad, cantando unas veces la clara euforia valluna plena de "hualluncas", otras, exaltando las glorias de vuestro suelo natal donde guerilleros de la talla de don Esteban Arce, o mujeres extraordinarias como las Heroínas de la Coronilla, escribieron las más rutilantes páginas de nuestra historia, escapando a los marcos de la poesía abstracta que tantas veces resulta negativa, adquieren niveles constructores, haciendo que los bolivianos, al conocer mejor nuestra historia, en su épica grandeza y al elemento humano en su sencilla y cotidiana tarea junto a la tierra madre, nos sintamos más orgullosos de haber nacido junto a nuestra montañas, nuestros valles o el trópico ardiente, al que también supisteis cantar en estrofas inspiradas.
Nueva Consagración
Todos recordamos la forma en que habéis sumado vuestro permanente concurso a las mejores horas de exaltación del alma boliviana.
El himno al Mariscal de Zepita es vuestro, como es vuestro el canto a Bolivia, cincelado en sonetos impecables. Sois pues, un poeta que afirmando los pies en la tierra fecundada por los huesos de los muertos que nos hablan con voces inaudibles de un pasado que linda en lo legendario, proyectáis hacia el futuro vuestra voz admonitoria de paz, progreso y grandeza nacionales.
Varias veces habéis sido galardonado con premios de gran categoría. Hoy sumáis este que os consagra una vez más. Creo, sin embargo, que ninguno de los premios que podáis recibir en vuestra vida tendrá la jerarquía del que os ha conferido el alma de vuestro pueblo. Llegar a él, como vos lo habéis logrado, saber que vuestros poemas, han calado hondamente en todos los niveles y que el niño que canta o el adolescente que ama repiten con emoción vuestras palabras, pienso que es lo máximo a que puede aspirar quien como vos ha hecho entrega de su vida al culto de la belleza.
Obligación con la Patria
Señor del Granado: tengo en honra ceñir vuestra frente con esta Corona del Laureles de Oro y al hacerlo, en nombre del pueblo de Bolivia, quiero subrayar la obligación que tenéis contraida para con él. Sed el permanente creador de obras que inspiren en esta tierra a la que todo le debemos. Poned vuestro generoso corazón en servicio de los demás elevados ideales de la bolivianidad y sed siempre, como hasta hoy lo habéis sido una razón de justificativo orgullo para vuestros compatriotas.
Gral. Alfredo Ovando Candia
Presidente de la República de Bolivia
La Paz, 28 de mayo de 1966
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—Gral. Juan Pereda Asbún
En mi condición de presidente de la república y de ciudadano que ama entrañablemente este privilegiado jirón patrio, vengo a compartir la emoción con que el pueblo cochabambino celebra sus legítimas glorias de septiembre.
Me sumo al regocijo y la esperanza de los heroicos hombres del valle que tan generosamente prodigaron trabajo y pensamiento en aras de la grandeza del País.
Y vengo, también para rendir homenaje a la cultura de este pueblo, en la persona de uno de sus insignes poetas, Don Javier del Granado.
Para el Gobierno que presido y para todos los bolivianos en un motivo de orgullo que la obra literaria del bardo Don Javier del Granado haya merecido el reconocimiento de la comunidad internacional y que sea objeto de las más enaltecedoras distinciones.
Una de las características vitales del pueblo boliviano es la de poseer su propia cultura. Una cultura hinca sus raíces en el tiempo histórico y cuyos valores esenciales pervivan malogrando las presiones internas y externas que tratan de deformar nuestra verdadera personalidad nacional. Parte insobornable de esa cultura son las expresiones artísticas que se nutren del paisaje, de la historia, de las tradiciones, las costumbres, en fin, del dolor y de la alegría de hombre, fruto de una milenaria simbiosis con la tierra, con nuestra tierra boliviana. Y digno exponente de esa cultura es Don Javier del Granado.
No me toca extenderme en la valoración crítica de su obra poética. Otros lo harán. Lo han hecho ya, con mayor derecho y profundidad que nace del trato frecuente y cotidiano, con el Arte y los asuntos literarios. Me limito, simplemente, a destacar los méritos de una producción poética identificada con la Naturaleza, los hechos históricos y los tipos humanos del País y, sobre todo este maravilloso valle cochabambino. Destaco asimismo, la sincera complacencia del Gobierno Supremo porque Don Javier del Granado añada, a sus ilustres y numerosos galardones, otra Corona de Laureles de Oro, otorgada por la Unión Internacional de Poetas Laureados, con motivo del milenario nacimiento de la Lengua Castellana. Una prueba más de nuestro arte, nuestra literatura, siendo intrínsicamente bolivianos tienen, además el honroso privilegio de ser universales.
Lo ha dicho Spengler, en conceptos memorables: "El alma del hombre descubre un alma en el paisaje que lo rodea. Anunciase, entonces un ligamen de la existencia, una sensibilidad nueva. La hostil naturaleza conviértese en amiga. La tierra fructífera es ahora ya la madre tierra". Anúdase una relación profunda entre la siembra y la concepción, entre la cosecha y la muerte, entre el niño y el grano. Una nueva religiosidad se aplica a la tierra fructífera que crece con el hombre y este es el supuesto de toda cultura.
En un mundo zarandeado por contradicciones sociales y morales de toda índole, los bolivianos no hemos perdido, no perderemos nunca el espíritu de la raza. Ese espíritu que nos hace ser estoicos en la adversidad, pero también orgullosos de nuestra existencia y resueltos a forjar nuestro destino con sacrificio y con nuestros propios valores humanos, espirituales y materiales.
Este el significado del homenaje que se tributa, hoy, al preclaro poeta Don Javier del Granado.
Y porque artistas y escritores son en definitiva, la gran voz mediante la cual se manifiesta la conciencia de un pueblo, la gran voz donde convergen las innumerables voces de cuantos piensan, sienten y sueñan parejamente, esta ceremonia tiene, también, la virtud de ser un homenaje a todo el pueblo cochabambino, reflejado por la pluma incomparable de uno de sus grandes y auténticos poetas.
Gral. Juan Pereda Asbún
Presidente de la República de Bolivia
12 de octubre de 1977
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—Casto Rojas
Señor Dr. Javier del Granado
Cochabamba
Distinguido amigo, poeta y señor:
He tenido el placer de recibir con benévola dedicatoria, el hermoso poema "Cochabamba, la Heroica Villa", de que usted es autor. Lo he leído con singular deleite y en muchos de sus pasajes he sentido ese indefinible escalofrío que producen las obras poéticas expresadas con aliente heroico.
A falta de capacidad literaria para emitir un juicio crítico sobre el poema, solo tengo el consuelo de poseer la sensibilidad común a todos nuestros coterráneos para apreciar la belleza poética inspirada en la exaltación de los grandes valores humanos del heroico Valle de Cochabamba en los orígenes, la formación y el porvenir de la Patria.
Las tres dimensiones simbólicas del maravilloso Valle que señorea el Tunari, están descritas con admirable plasticidad. Allá vemos la dulce naturaleza, el hombre generoso y su historia trazada con rasgo épicos.
El poema describe en delicados y amenos romances el dulce vivir colonial y la belleza bucólica de los floridos huertos de Canata. Y tras los hermosos sonetos dedicados a la Villa de Oropesa y a su fundador el Licenciado Barba de Padilla, se desborda en maravillosa cascada cristalina de versos fluidos que inundan el verde valle.
Vienen después los tremendos episodios de las insurrecciones mestizas y de la Revolución de septiembre, cuyos hombres sin miedo a la reciente inmolación de Murillo y sus heroicos compañeros de sacrificio, proclaman la independencia de la patria y ganan en los campos de Aroma la primera batalla de la guerra santa de la libertad de América.
Finalmente en vibrantes alejandrinos cincelados en bronces de tragedia, alternados en versos menores que forman el coro de la pavorosa descripción bélica, evoca el holocausto de la "Colina Sacra".
"donde solloza el alma patriótica de un pueblo
que asombra al continente con su inmortal
hazaña".
Allá está el altar del sacrificio de las mujeres que regaron con la sangre de sus corazones de "ulalas rojas" el Ejército de Libertadores de la Junta de Buenos Aires dedicada a perpetuar el exterminio de esas mujeres proclamando que "Todas han muerto en el campo de honor".
El poeta describe el final de la tragedia de la Coronilla en estas estrofas dignas de Esquilo:
Revientan los cañones de estaño en mil pedazos,
se engarzan de fulgores las rocas solitarias,
atruenan los fusiles,
florecen las granadas;
combaten las heroínas
con fiebre de espartanas,
mordiendo bayonetas
en su impotente rabia,
y el pueblo embravecido no ceja en la contienda
hasta que muerto el último soldado de la Patria
izando en los peñascos su corazón de fuego,
que estalla el 27, como una roja ulala.
Desde las primeras estrofas del poema dedicadas a los conquistadores, hasta su épico final en que "la Reina de los Valles - extiende a la República - sus brazos maternales - y anilla con la estepa - los llanos del levante, - los ríos, las montañas, - los bosques tropicales, - los lagos de esmeralda y el reino de El Dorado - que en medio de la jungla buscó Ñuflo de Chavez - y levantando al cielo su frente soñadora - dialoga con los astros en cósmico lenguaje, - sobre esta heroica Villa que en alas de Pegaso, - trizó sy lanza de oro como el Hidalgo Andante," - el Poeta y Señor D. Javier del Granado ha hecho una obra para siempre vaciada en bronce de cañones y de campanas.
En medio del desaliento colectivo que es el signo fatal que gravita en nuestros días sobre la patria, el canto del poeta laureado infunde en nuestros espíritus el pensamiento optimista de la cercana grandeza de Bolivia, unida, rica y fuerte.
Con sincera devoción al gran poeta subscribo estas modestas noras de aplauso,
Casto Rojas
CR/gp.
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—Pedro Simosi
"No me siento ni más ni menos… No tengo pretensiones de ninguna índole… Mi obra modesta, pequeña y limitada… Solo quiero llegar al corazón del pueblo. Mi mérito es ese", nos decía este hombre a quien se estaba por rendir un homenaje público en virtud de su vida y de su obra de poeta.
Bajo de estatura, delgado, sus ojos vivaces y pequeños se posaban en mí, a través de sus lentes, mientras sus manos blancas y finas se entrelazaban nerviosamente mientras conversábamos.
Bajando hacia el barrio de San Jorge, en San Jorge mismo, existe un grupo de escritores… Aquí vive Porfirio Diaz Machicao, allá Marcelo Quiroga Santa Cruz, acullá Juan Quirós y, en ruta hacia San Jorge, la casa donde vivía Oscar Cerruto hasta que viajó a Montevideo. Frente a la casa de Machicao, aquí estábamos entre pinos y enredaderas. Aquí se hospeda el poeta Javier del Granado cuando visita La Paz. Calle 6 de Agosto. Verdes y enhiestos pinos regados por la luz fría de la luna otoñal.
A los 53 años de edad, Don Javier del Granado lleva publicados cuatro libros de poesías: "Rosas Pálidas", "Canciones de la Tierra", "Cochabamba", y "Evocación del Valle". Dentro de poco será puesto en circulación un nuevo libro suyo. Se trata de "La Parábola del Aguila". De Granado pertenece a una familia ilustre por su valimiento humano y por sus servicios a la Patria. No por otra cosa que encanecería a gente tonta. Entre sus parientes se cuenta el Obispo de Cochabamba, Don Francisco María del Granado que quizás continúe siendo, desde su tumba, el más grande orador de nuestra República. Su padre fue también escritor. Dejó dos obras: "Ensayos Literarios" y "Prosas".
Don Javier lleva ganados tantos premios de literatura que al final de cuentas, creemos que para hablar de él y con él no hace falta recurrir al socorrido "Curriculum Vitae", Javier del Granado es Javier del Granado. Y punto.
Hablamos pues de muchas cosas, entre esas cosas pasan los recuerdos, las anécdotas y naturalmente la referencias y los puntos de vista del poeta acerca del quehacer poético, la poesía y los poetas.
"Sobre todo y ante todo, el poeta debe cantar a su tierra" nos dice Don Javier. Le preguntamos como él concibe la poesía: "La poesía" - nos responde - "debe consistir en el canto de la imagen".
- Tiene Ud. predilección por algún poeta en particular?
- Descontando a Rubén Darío, Reisig es el que más admiro.
- Y entre los nacionales?
- Tamayo, Jaimes Freire, Reynolds y Adela Zamudio.
- Que opina Ud. del movimiento poético en Cochabamba?
- Existen la vieja y la nueva generación. No voy a hablar de la vieja generación pues no puedo juzgarme a mi mismo. En cuanto a la joven, hay valores de bien ganado prestigio como Hector Cossio y Gonzalo Vásquez Mendez…
- Como juzga Ud. la poesía contemporánea?
- Una escuela significa renovación de ideas y formas. Deja beneficios.. Mas yo creo que, a la larga vamos a volver a lo clásico…
- Cual es la situación del escritor y el artista en la sociedad boliviana?
- El estado y las instituciones deberían estimular la labor del escritor y del artista en Bolivia. Vivimos en un medio aplastante.
No referimos después acerca de los pormenores de su próxima exaltación como "Poeta Laureado Continental", título que le fue conferido por la Unión Internacional de Poetas Laureados, con sede en Manila. Don Javier sonríe y dice con suave acento: "No me siento ni más ni menos. Para escándalo de mis hijos reconozco que no soy nada… Siento un miedo terrible y sufro…"
Hablamos de él. Es decir, tratamos de seguir hablando de él, pero Don Javier con toda grandeza nos lleva a otros temas. Elude toda alusión a su obra. "Soy un poeta de aldea", recalca y agrega "Me he circunscrito a cantar a mi tierra y a mi patria. Solo quiero llegar al corazón del pueblo…"
Aspiración lograda por este hombre querido y respetado por su pueblo que se ve en él, que se exalta con él y que se universaliza a través del canto del poeta: "Y hundí mis pies en los surcos / como las raíces de un tacko, / para absorber en su médula, / el alma del pueblo indiano, / que floreció en el ramaje de las cantutas del lago…"
Pedro Simosi
La Paz, mayo 1966
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