Juan Javier del Granado - Obras Seleccionadas

Poema Dedicatorio

1989 De Rerum Natura

1989 El Diablo Ha Muerto

1991 Potosí

2000 Anatomía de la Alegría

2003 Controversia de Imperio Legis

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POEMA DEDICATORIO

JUAN JAVIER DEL GRANADO RIVERO
1965-

Sutil jurista y escritor campante
de claro Numen y estro parnasiano
logró que en su arpa, el ruiseñor galano,
de sus abuelos, en su pecho cante.

"El Diablo Ha Muerto", es el volcán llameante
de un pueblo heroíco, en garras de un milano
y "Gran Verdad", demuestra que eno en vano,
Dios créo el Mundo, con un ser pensante.

Por eso en su obra de viril diseño,
iza en relámpagos de enjoyada noche,
nuestra Bandera en cúspides de ensueño.

Y en cada página de metal sonoro,
el novel bardo en sideral derroche,
canta a la Patria con su laúd de oro.

-Javier del Granado y Granado

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1989 EL DIABLO HA MUERTO

Del Granado, como de Tocqueville, compara la evolución democrática de su país con la de Estados Unidos; de la misma manera que, para el escritor francés, el estudio del desarrollo de las instituciones en Norteamérica -en su obra La democracia en América- consistía por sobre todo en una reflexión sobre el estado de cosas de su propio país, para del Granado, el análisis de la evolución democrática en el país del Norte encuentra justificación en tanto sirva de punto de referencia para estudiar la realidad de Bolivia. El procedimiento de Tocqueville, reeditado recientemente por Jean Baudrillard en su Amérique, apunta a trazar una genealogía de la democracia en la modernidad y a estudiar, a través del reflejo de una alteridad (Norteamérica), la realidad propia.

El argumento fundamental de Granado es que, a pesar de las dificultades que históricamente la democracia ha experimentado en Bolivia, «los ideales de la Revolución Francesa, más que nunca antes, son un logos vital para la Bolivia moderna». De aquí que el pensamiento de Tocqueville sea, según del Granado, un instrumento clave para estudiar las posibilidades de enraizar definitivamente la democracia en Bolivia. Pero del Granado no deja de delimitar una distancia entre la perspectiva propia y la del escritor francés; escribiendo desde un momento y un lugar distintos a los del maestro, deja de lado todas las reflexiones que en de Tocqueville llevan a justificar el imperialismo, revirtiendo el argumento hacia la necesidad de una independencia definitiva de la metrópolis imperial, no sólo de Bolivia sino de todo el Tercer Mundo.

En oposición al de Marx, el pensamiento de Tocqueville, quien recurrentemente en su obra advirtiera sobre los riesgos que se corren al realizar grandes generalizaciones (admonición vigente entre los pensadores más influyentes de nuestros días) es asistemático y misceláneo. Constante enemigo de las tiranías (dentro de su país), de Tocqueville propugnó tenazmente en favor de la libertad del individuo y censuró la actividad democrática de la Francia post-revolucionaria. Su concepto de democracia, que recupera para Bolivia del Granado, establece la necesidad de que el individuo tenga una participación activa y constante en la esfera pública y que no se recluya para atender meramente intereses privados: la libertad del individuo, para de Tocqueville, sólo se da en sociedad. Así, no sólo censuró acremente a sus contemporáneos por tal alejamiento sino que también fue uno de los críticos más acerbos del liberalismo en la manera en que fuera expuesto por Adán Smith; nada más alejado del dejar hacer de Smith que el ciudadano activo propuesto por el francés. Del Granado, por su parte, establece la necesidad de que en Bolivia se lleve a cabo la tarea de concientizar al individuo para la labor democrática y para ello propone diversos procedimientos, analizando, por ejemplo, las posibilidades pedagógicas del ritual o la función, dentro del Estado, de la Iglesia (como el pensador francés, del Granado concluye que la religión es necesaria para la sociedad).

Dentro del proyecto de El diablo ha muerto, se proponen medidas para evitar la tiranía; una de ellas, tomada tanto por de Tocqueville como por del Granado del modelo norteamericano, es la descentralización administrativa, que permitiría el ejercicio activo y constante del ciudadano en los intereses públicos; sin embargo, a diferencia del modelo, de Tocqueville abogaba al mismo tiempo por una fuerte centralización del gobierno, propuesta a la que parece sumarse del Granado. El diablo ha muerto no sólo recupera el pensamiento de Tocqueville en estos factores fundamentales (democracia activa, descentralización administrativa, colaboración de la religión y la democracia) sino que comparte con la obra del escritor francés una actitud fundamental.

En primer término, es una obra abierta receptivamente hacia el azar del futuro. A diferencia de otros proyectos decimonónicos, de Tocqueville no cancelaba la historia en un delineado teleológico sino que presentaba el devenir como una posibilidad abierta. Esta perspectiva se homologa en la obra de Granado, quien cree que las condiciones para una real democratización de Bolivia están dadas y que podemos considerar a nuestro alcance el gran evento del florecimiento del Tercer Mundo. Habiendo la Revolución generado las posibilidades para el asentamiento de la democracia en Bolivia y contando con la expectativa de que los Estados Unidos se abstengan de intervenir en la soberanía de los países del Tercer Mundo, del Granado nos da a entender que son estas condiciones las que permiten establecer que «el diablo ha muerto». Democratizar Bolivia (en el sentido activo que al término da de Tocqueville) es a la vez terminar de matar al «diablo». La autodeterminación, explica del Granado, es la instancia a partir de la cual los pueblos deben, sin intervención externa, buscar su propia senda hacia la democracia, es decir, haciendo ejercicio de su soberanía.

En segundo término, es dable entender que la idea principal que de Tocqueville extrajo de su experiencia norteamericana y que hegemoniza de algún modo a las demás es la que da el aliento vital a El diablo ha muerto: para el francés, el espíritu de la Norteamérica del siglo pasado se manifestaba por sobre todo en la revolución de las costumbres, en la revolución moral. Esta revolución no instaura un Nuevo Estado sino que se legitima a sí misma en la práctica. Para Francia proponía, precisamente, una revolución moral, que modificara al individuo y lo hiciera anhelar y defender la libertad. Para que exista una verdadera democracia, establece del Granado siguiendo a de Tocqueville, es menester que exista, como punto de partida, una situación de igualdad entre los individuos. La misma debe ser entendida como un momento inicial (v.g. la manida igualdad de oportunidades) y no como un fin. De Tocqueville privilegiaba la diferencia si ésta servía de motor social. En la Francia pre-revolucionaria, la estratificación de la sociedad que establecía distinciones esenciales entre los pobres y los acaudalados servían como un freno social, dado que al ser institucionalizadas eran al mismo tiempo inadvertidas. En cambio, en el régimen francés post-revolucionario, o en los Estados Unidos que conociera, en los que era viable la movilidad social, las desigualdades sirven de incentivo. Una vez que la sociedad llega a generar condiciones en las que los distintos miembros de la misma están en mayor o menor grado nivelados, la colectividad, al advertir la diferencia, se impulsa a sí misma a prosperar y conseguir para sí los bienes de los que tienen más. El poseedor, en este caso, o los bienes a adquirir, funcionan como iconos que catalizan el deseo y activan al individuo (y su sociedad) hacia la actividad y el progreso.

Dentro de esta economía del deseo, donde los bienes se articulan como significantes en el eje de lo simbólico, la sociedad capitalista encuentra incentivos para la producción por medio de un juego en el que, como advertía Marx y recuerda del Granado, la necesidad es constantemente renovada y que tiene, sin embargo, como resultado, un incremento en la producción y un mayor bienestar material para el individuo. Estas pautas (igualdad en el momento inicial, apertura constante hacia la posibilidad de mejoras para el individuo) vuelven a del Granado hacia su foco de interés, hacia la sociedad boliviana. Así, del Granado pretende, una vez que la Revolución ha sentado las bases materiales para hacerlo, un cambio fundamental en el individuo, que se recupere en el hacer social y cívico de su país.

—Amir Hamed, Universidad de la República Oriental del Uruguay

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1991 POTOSÍ

VICUÑAS Y VASCONGADOS

Nubes de vendaval y de tormenta
presagian la catástrofe en la villa,
porque el vicuña a Rocinante ensilla,
y el vascongado, al enemigo enfrenta.

Asaltan Huayna, la contienda es cruenta,
en las sombras la noche se arrodilla,
el Cerro Rico de pesar se ovilla
y el granizo sangrante lo atormenta.

Ríos de sangre inundan las callejas,
y el pecado de amar y haber amado,
confiesan las mozuelas, tras las rejas.

El Cristo en Vera Cruz, escucha el ruego,
del potosino pueblo horrorizado,
y expulsa al diablo en carretón de fuego.

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