1785 Carta Sobre la Despoblación de América
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SEÑOR DON MIGUEL GORMAN, PROTOMÉDICO GENERAL DE BUENOS AIRES:
Muy señor mío, y amigo: Confieso a Vuestra Merced que han sido muchas y variadas
las calamidades forzosas que asolaron a la humanidad; y aun así, entre las más
devastadoras, está el mal de las viruelas, cruel y terrible azote que no perdona
a nadie, algo así como el amor que nos toca a todos. Tenemos todavía a la vista
los vacíos que hizo en casi todo el reino, cuando en diferentes tiempos asoló
este feliz país y privó a nuestro soberano de un gran número de vasallos. Luego
están los otros males: los que son obra y gracia de todos los mortales, que han
logrado devastar las esperanzas e ilusiones de un sinnúmero de hombres, como las
guerras intestinas y exteriores y los trabajos forzados, particularmente el
laboreo de las minas, donde los naturales mueren sepultados vivos. La
comunicación de nuestras enfermedades a estas tierras en que no eran conocidas
eliminó la población a medida que avanzábamos por el continente, por lo que a
veces encontrábamos territorios vacíos y pensábamos que se trataba de yermos
desiertos y despoblados. Este es un error de que no nos debemos admitir, porque
un mefítico ángel exterminador iba delante de nosotros y la gente moría o huía.
A decir a Vuestra Merced verdad, habría que entregarse al recogimiento de la
oración ante la aceptación de las calamidades porque, las más veces, somos
nosotros mismos los que hacemos que evolucionen y se enquisten. Nuestro Señor
guarde a Vuestra Merced los muchos años que deseo. Santa Cruz, y octubre 18 de
1785
—Santiago Granado
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SEÑOR GOBERNADOR MILITAR Y POLÍTICO DE CHIQUITOS, DON MIGUEL FERMÍN DE
RIGLOS:
Siendo uno de los fines de la piadosa mente de nuestro soberano la conservación
del fluido vacuno para la sucesiva progresión; y que logre la posteridad este
beneficio en sus dominios, y uno de los encargos de mi comisión vaccina,
instruir exactamente a las personas que conceptúe capaces y aptas para el efecto,
introduciendo la práctica y conocimientos bastantes en sus amados vasallos, en
que se ha dignado hacer los más estrechos encargos para que se propague esta
utilidad importante y benéfico remedio: cerciorado de la propensión de Vuestra
Señoría a ver cumplidas las intenciones del soberano y beneficio de estos
naturales, como lo ha manifestado la solicitud de Vuestra Señoría, sus
providencias acordadas para el caso y las disposiciones, prevenciones,
persuasiones y órdenes, para haber logrado todo el deseado suceso: no puedo
prescindir de hacer presente a Vuestra Señoría que ya me hallo en este pueblo,
el sexto de la provincia, próximo a evacuar la importa de los cuatro más remotos
restantes y he propendido aquellos piadosos fines, aún de mayor interés, que la
misma introducción y aún no he podido combinarlos por la ineptitud de estos
naturales para confiarles el precioso hallazgo, de que no se harán cargo ni
podrán advertir todo el aprecio y atención que merece, para su práctica y
anexidades; y que no obstante que el secretario de la provincia y administrador
de la capital de San Ignacio y el de este pueblo han adoptado con amor y esmero,
siendo el más recomendable este comedimiento, los conocimientos para la
perpetuidad, que practicarán, esto no es de ningún modo suficiente para asegurar
un negocio de tanto interés, y en que no deben perderse los momentos oportunos
de su terminación, que no podrán unir con sus cargos, o se perderá con las
contingencias anexas a sus empleos. Mas propongo a Vuestra Señoría sería muy
conveniente, y lo seguro, que cada pueblo contribuyese para dotar
competentemente un individuo, que anduviese vagando por la provincia hecho cargo
de perpetuar, conservar e instruir en el modo y forma, hasta que ya no se recele
de la pérdida de un interés tan recomendado; y para ello si adaptase, propongo a
Vuestra Señoría a mi hijo el alférez don Juan [Francisco] Granado, plenamente
instruido en toda la práctica y efectos del preservativo, que para tal caso
desde luego lo sacrifico por el bien del estado, y de la humanidad, hasta que se
radique con conocimientos y fijeza el interés que Vuestra Señoría mismo ha
solicitado en beneficio y alivio de la provincia de su mando, dictándome para
ello, si fuere necesario, las órdenes que sean de su agrado y mi procedimiento.
Dios guarde a Vuestra Señoría muy felices años, San Rafael, y octubre 23 de 1807
—Santiago Granado
Muy poderoso señor:
Incluyo a Vuestra Señoría el oficio original del facultativo don Santiago
Granado, que está acabando de vacunar los últimos pueblos de esta provincia, en
que ofrece a su hijo el alférez don Juan José Granado, para conservar e instruir
sobre la práctica y efectos del preservativo para que Vuestra Señoría siendo
servido, se sirva dar suerte a este superior tribunal lo que tuviese por
conveniente nuestro señor. Guarde a Vuestra Señoría muchos años, pueblo de San
Rafael, 26 de octubre de 1807
—Miguel Fermín de Riglos
Vista al señor fiscal. Proveyendo y rubricando el decreto ante los señores
presidente de la audiencia y oidores de esta real audiencia y fueron jueces los
señores doctores don Antonio Boeto y don José de la Iglesia, oidores en La Plata
en 25 de noviembre de 1807 años
—Manuel Sánchez de Velasco
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SEÑOR GOBERNADOR, MILITAR, Y POLÍTICO, DE LA PROVINCIA DE MOJOS, DON PEDRO
PABLO DE URQUIJO:
Siendo una de mis mayores atenciones en la expedición de la vacuna, que tengo
por mi parte completada en estas provincias, la del mando de Vuestra Señoría por
la considerable distancia, y lo penoso de su internación, circunstancias de sus
naturales; y benigno notorio celo de Vuestra Señoría, deseoso, de comunicar este
gran beneficio que el paternal amor de nuestro soberano ha proporcionado a sus
amados vasallos, a esos infelices necesitados, a que no es fácil arrostrar sin
una resolución de demasiada humanidad, y beneficencia, que a mis expensas he
cumplido en honor de estos respetables objetos, y mejor servicio del estado,
como el más fiel y asiduo vasallo, en todo lo restante de estos confinados
dominios. Participo a Vuestra Señoría mi determinación, y dedicación, para que,
siendo servido se propague este interés, como lo supongo de la notoriedad de sus
procedimientos en los habitantes del gobierno de Vuestra Señoría, pueda,
proporcionarme el transporte indispensable, e indios de todas edades, para que
empezados a vacunar en ésta, progresivamente se vaya verificando en la
navegación, y que al arribo a ésa pueda propagarse de brazo, a brazo, sin
aventurar el suceso; teniendo yo el honor entonces de recibir las órdenes de
Vuestra Señoría, como ahora las espero para su puntualidad. Dios guarde a
Vuestra Señoría muchos años. Santa Cruz, y septiembre 4 de 1808
—Santiago Granado
Se copia de su original, que existe en la Secretaría de mi cargo a que remito y
lo certifico, San Pedro de Mojos, y junio 5 de 1808 —Lucas José de González,
secretario interino de gobierno
Muy poderoso señor:
Por la copia de oficio que a Vuestra Alteza incluyo, tendrá Vuestra Alteza en
conocimiento de la solicitud del facultativo en cirugía y medicina don Santiago
Granado; esperando del notorio celo de Vuestra Alteza al bien de la humanidad,
se delibere lo que convenga; y caso que Vuestra Alteza mire este asunto con el
interés que así creo es debido hacia estos naturales, con lo proveído por
Vuestra Alteza notificaré al interesado. Dios guarde la cesárea real persona de
Vuestra Alteza los años que la cristiandad ha menester, San Pedro de Mojos, y
junio 25 de 1809
—Pedro Pablo de Urquijo
Vista al señor fiscal con el documento que acompaña. Proveyendo y rubricando el
decreto ante los señores presidente de la audiencia y oidores de esta real
audiencia y fueron jueces los señores doctores don José Agustín de Uzoz y Mozi,
don José Vázquez Ballesteros y don Gaspar Remírez de Laredo y Encalada, conde de
San Xavier etcétera, oidores en la Plata en 22 de diciembre de 1809 años
—Ángel Mariano Toro.
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